Los orígenes del Pensamiento Sustentable

Históricamente, la forma de pensar que dio lugar a la Revolución Industrial introdujo criterios esencialmente de crecimiento económico, como por ejemplo el cálculo del Producto Nacional Bruto, que se remonta a la década de 1930. A segunda mitad del siglo XIX, se realizaron algunas correcciones en el ámbito social, gracias a la aparición de Organizaciones sin Fines de Lucro y Sindicatos.

No obstamte,  no fue sino hasta los años 70 en que los países desarrollados se dieron cuenta que  su prosperidad se basa en el uso intensivo de recursos naturales finitos, y que, por consiguiente, además de las cuestiones económicas y sociales, un tercer aspecto estaba descuidado: el medio ambiente.

Para algunos analistas (como por ejemplo los precursores del Club de Roma:  Rene Dumont, el sociólogo Jacques Ellul, Iván Illich Nicholas Georgescu-Roegen, así como el economista Serge Latouche y la física y filósofaVandana Shiva)  el modelo de desarrollo industrial no es sostenible en términos medioambientales debido a algunos puntos críticos:

  • Agotamiento de los recursos naturales (como las materias primas y los combustibles fósiles), y
  • Destrucción y fragmentación de los ecosistemas, con la consiguiente pérdida de diversidad biológica y reducción de la capacidad de resistencia del planeta.

Así, el llamado “desarrollo” (industrial, agrícola, urbano) genera contaminaciones inmediatas y pospuestas (por ejemplo, la lluvia ácida y los gases de efecto invernadero que contribuyen al cambio climático y a la explotación excesiva de los recursos naturales, o la deforestación de la selva tropical).  Esto provoca una pérdida inestimable de diversidad biológica en términos de extinción (y por lo tanto irreversibles) de las especies de plantas o animales. Esta evolución provoca un agotamiento de los combustibles fósiles y de las materias primas que hace inminente el pico del petróleo y acercarnos al agotamiento de muchos recursos naturales vitales.

Al problema de la viabilidad se añade un problema de equidad: los pobres son los que más sufren la crisis ecológica y climática, y se teme que el deseo legítimo de crecimiento en los países subdesarrollados hacia un estado de prosperidad similar, basado en principios equivalentes, implique una degradación aún más importante y acelerado por la biosfera.

Por ello, a mediados de los años 80 se comienza a hablar del Desarrollo Sustentable, concepto  utilizado por primera vez en el reporte “Nuestro Futuro Común“, publicado en 1987 por la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo, también conocida como Comisión Brundtland. En este documento se identifican los elementos de la interrelación entre ambiente y desarrollo y, se define que “el Desarrollo Sustentable es aquel que puede lograr satisfacer las necesidades y las aspiraciones del presente, sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades y aspiraciones”.  A su vez, se hace un llamado a todas las naciones del mundo a adoptarlo como el principal objetivo de las políticas nacionales y de la cooperación internacional.

A raíz de ello, se desarrolló la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, más conocida como la Cumbre de la Tierra, realizada en Río de Janeiro, Brasil, en 1992.  Este encuentro reunió a más de 100 jefes de Estado, representantes de 179 gobiernos, así como a representantes de los empresarios, trabajadores, ONGs, organizaciones sociales de mujeres, jóvenes y pueblos indígenas, alcanando un histórico nivel de representatividad y participación.

El primer principio de la Declaración de Río coloca a los seres humanos al centro de las preocupaciones relacionadas con el Desarrollo Sustentable, reconociendo el derecho de una vida saludable y productiva en armonía con la naturaleza. A su vez, define a la Agenda 21 como un programa de acción en todas las esferas que competen al Desarrollo Sustentable, considerando las dimensiones sociales y económicas, la conservación y gestión de los recursos naturales para el desarrollo, el fortalecimiento de los grupos principales (mujeres, jóvenes, pueblos indígenas) y los modos de ejecución. En este contexto, se propone que cada país elabore, anualmente, un informe nacional respecto a sus avances relativo a este programa de acción, así como, constituir un ente representativo denominado Consejo de Desarrollo Sustentable, con el objeto de asegurar la participación de los grupos principales de la sociedad en los procesos de decisión relativos al desarrollo sustentable.

A continuación, lo más destacado del llamado “Informe Brundtland”


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